Ubicado en uno de los parajes más bellos y elevados del Parque Natural de la Serranía de Cuenca, Zafrilla es un pequeño pueblo que conserva con orgullo su esencia serrana. Rodeado de pinares infinitos, praderas y ríos de aguas limpias, su entorno invita al sosiego y al contacto directo con la naturaleza. Cada estación transforma el paisaje y, con él, la vida de sus habitantes, que mantienen vivas las costumbres heredadas de generación en generación.
Desde tiempos antiguos, Zafrilla ha estado ligada a la trashumancia, una práctica que marcó la vida económica y cultural del pueblo. Los pastores recorrían largas distancias con sus rebaños, trazando rutas que aún hoy forman parte de su memoria colectiva y del paisaje. Esta conexión con el territorio ha forjado una identidad profundamente unida al ritmo natural de las montañas.
En verano, el pueblo se transforma con la llegada de sus fiestas en honor a San Agustín, patrón local. Agosto se vive con intensidad: las calles se llenan de música, las plazas de conversación y cada rincón se convierte en punto de encuentro entre vecinos y visitantes. Entre los momentos más esperados destacan los encierros camperos, una tradición que combina la emoción, el respeto y el orgullo de mantener vivas las raíces rurales.
El entorno de Zafrilla es también un paraíso para los amantes de la naturaleza y la caza. En sus montes y valles habitan especies como el jabalí, el gamo, el corzo o el ciervo, junto con aves rapaces y pequeños mustélidos que enriquecen la biodiversidad local. Los senderos que atraviesan el parque natural ofrecen paisajes únicos y una sensación de desconexión total, ideal para quienes buscan tranquilidad, aire puro y silencio.
Y si algo caracteriza a Zafrilla, es su gastronomía serrana, sencilla pero llena de sabor. Las migas, las gachas o los gazpachos manchegos son platos que se preparan con mimo y que reúnen a las familias en torno al fuego, especialmente en los días fríos. Su cocina refleja la identidad de un pueblo que sabe aprovechar los productos de la tierra y disfrutar de los pequeños placeres compartidos.
Visitar Zafrilla es adentrarse en un lugar donde la naturaleza, la tradición y la convivencia se entrelazan de forma armoniosa. Un rincón de la Serranía donde el tiempo parece detenerse y donde cada visita deja la sensación de haber descubierto algo auténtico, profundo y lleno de vida.